LA INFIDELIDAD. ES POSIBLE SUPERARLA?
LA INFIDELIDAD
Muchas veces me han preguntado si la infidelidad en un matrimonio puede ser superada.
En terapia de pareja, es usual encontrar esta demanda, pues también es usual que la infidelidad sea uno de los conflictos màs fuertes y prolongados que una pareja puede enfrentar, no solo por las emociones que produce, sino sobre todo, por las consecuencias profundas que se graban en cada persona.
Quizàs esta situación sea una de las màs difíciles de trabajar en pareja y en familia. Sin embargo creo que, como en toda crisis, la oportunidad siempre està potencialmente activa y el secreto de “advertirla” siempre radica en la actitud de las personas frente a ella.
Oportunidad de què? Oportunidad de replantearse algunas conductas, algunas creencias y quizàs hasta algunas limitaciones que, sin duda fueron, si no variables directas de la infidelidad, elementos que coadyuvaron para que esta pueda desarrollarse.
Oportunidad de revisar las pràcticas familiares, los comportamientos de pareja y, sobre todo ello, oportunidad para enfocarse en la realidad y en ese “yo” que a veces es absorbido por roles o personajes que no le permiten realizarse y peor advertirse.
Quizàs la realidad del amor, de la pareja o de la justicia no sea lo que nuestras expectativas o creencias nos informaron. Quizàs el amor es màs una decisión que una emoción, pero quièn puede decirlo si el amor definitivamente es un motor subjetivo imponderable.
Quizàs la justicia bajo el concepto humano “de a cada uno lo que le corresponde” no exista como tal o sea una idea tan abstracta que nuestro razonamiento no la pueda captar si no bajo la perspectiva del tiempo.
Quizàs el concepto de pareja se aleje de esa especie de “intimidad posesiva” que nos hace ver al otro como nuestra exclusividad, como nuestro territorio y hasta, en los casos màs extremos, como una extensión del yo.
Adicionalmente de estos desafíos, las expectativas que tenemos del “otro” seràn en el caso de infidelidad, literalmente masacradas. No quedarà una respuesta que no contenga una pregunta. No quedarà en pie ninguna certeza sobre quièn es, què ha hecho y que hará nuestra pareja luego de que hemos comprobado que no “es” como pensábamos.
La ilusión se habrá quebrado y la tristeza serà una especie de soledad anticipada pues no veremos màs salida que terminar la relación. Poco a poco, la ilusión de haberle “puesto” ciertos atributos o cualidades a nuestra pareja nos dejarà ver en penumbras, que ha sido nuestra responsabilidad, pues al enamorarnos solemos “adornar” al otro con aquellos valores absolutos que nos hacen sentir seguros o que responden a una necesidad.
Precisamente ese fantasma de seguridad que depende del otro o esa necesidad cubierta que no sabíamos que tenìamos, seràn visibles en la crisis, tan visibles que no podremos huir de nuestra propia responsabilidad asi como el o la persona que ha sido infiel no podrá huir de la suya.
Que se entienda bien! La responsabilidad no se refiere a la tan manipulada idea de que “tù me has empujado a serte infiel”, se refiere a no haber distinguido lo que ES de lo que DESEO QUE SEA. Se refiere al autoconcepto y a las creencias ABSOLUTAS que a veces sostienen el proyecto del matrimonio.
Vale recalcar que la persona vìctima de la infidelidad no tiene por què sentirse responsable de que su pareja haya optado por otra persona. La libertad de optar por otra persona y poner en riesgo el matrimonio y la familia es de absoluta responsabilidad del infiel. Los condicionamientos que encuentre quizàs alcancen a ser variables atenuantes o agravantes, pero el hecho en si mismo, contiene un acto libre y por tanto de invariable responsabilidad.
Por què a mi? Por què si yo soy tan buen esposo o esposa? Por què me has hecho esto?…..la pregunta que surge es POR QUE NO?
La pregunta es directa y entiendo que fuerte, pero es la realidad, por què no a ti? Acaso eres màs especial que otros, acaso tu pareja es un alinenìgena que posee la perfección?.
A veces mirar con humildad un hecho nos permite dejar el ego a un lado y mirarnos tan humanos como somos. Sufrimos como todos, nos sentimos humillados, nos sentimos traicionados, el enojo, la rabia, la impotencia, la obsesión por saber los detalles nos persiguen….el vacìo suele precipitarnos a una ansiedad desconocida; hacia actos de locura en donde apenas nos reconocemos; hacia pensamientos como la venganza y la tortura psicológica que avasallen al otro. Todo bajo una òptica de “ojo por ojo” si yo sufro, tù debes sufrir también.
La pregunta es de què sirve todo eso? La ansiedad, la rabia y la decepción son, sin duda, reacciones naturales, humanas y cargadas de realismo, pero la obsesión, el deseo de revancha, la búsqueda del “otro” u “otra” para humillarlo si es posible; la necesidad de castigar permanentemente a la pareja que ha sido infiel, què bien hacen?.
La tristeza es un sentimiento que evitamos pero que por màs que lo hagamos, allì estarà. Nuestra humanidad la posee como un preciado tesoro sentimental que nos permite encontrar ese silencio que el trajín de la vida no nos deja encontrar; nos permite saborear a la soledad percatándonos que no es tan terrible; nos permite llorar por lo màs bello que tenemos: nuestra vida.
Las pastillas anti depresivas, el consumo ansioso de todas las terapias que escuchamos, el consumo de una espiritualidad débil en donde Dios se convierte en nuestro cómplice en vez de nuestra fuerza de aceptación, son solo tácticas desesperadas de evitar la tristeza….pero acaso hay que evitarla?…..serìa lo mismo si fuera la alegría?…..la vida irremediablemente trae situaciones que nos pondrán tristes asi como alegres, con miedo, con ansiedad, con impotencia, con enojo……..eso somos: seres libres que en nuestra historia vital nos iremos conociendo de afuera hacia adentro, pelándonos como cebollas para, ojalà màs temprano que tarde, encontrarnos con nuestro ser ìntimo.
La sociedad, sin duda, nos impulsa a “anestesiarnos”, los amigos, amigas y hasta familiares nos impulsaran con toda buena intención a una postura de orgullo “no te dejes” “no le vayas a perdonar….si perdonas una vez, lo hará otra vez….” “busca al otro u otra y hazle saber quièn eres”, etc. etc.
Sin duda, lo hacen desde el afecto que nos tienen pero también desde una postura de “jueces” sociales. Pero quièn puede juzgar a otro?. Quièn es dueño de la verdad y de el “bien” como para imputar a otro intenciones o sentimientos.
Vuelvo a la idea de que la infidelidad nos permite ver cuàn humanos somos. Por un lado, nos descubrimos ansiosos, desesperados, decepcionados, etc. Por otro, descubrimos a nuestra pareja, mentirosa, manipuladora, falaz y desleal. Lo que cabe preguntarnos es si esas cualidades no son humanas?.
Humanos nomàs somos! y por tanto llenos de imperfecciones, llenos de deseos, llenos de limitaciones, repletos de decisiones erradas; de creencias rotas; de impulsos instintivos y de un “macho alfa” y una “hembra dominante” que nos palpita en la piel desde nuestro cerebro primitivo.
Es que acaso no somos eso también? Es una paradoja que por un lado la sociedad se rasgue las vestiduras diciendo que “los valores se han roto” que “el matrimonio y la familia estan en crisis” y, por otro lado, nos comunique con incesante fuerza las figuras exitosas de machos y hembras alfa; una sexualidad casi en sinónimo de poder; y, un EGO social y económico en el que el respeto y la fidelidad deben ser liquidados.
La infidelidad sin duda, es el quebrantamiento de un valor importante en pareja: el sentido del compromiso. Pero también es una reacciòn humana a algun desequilibrio personal o de pareja y, por tanto, posee la potencialidad de ser una oportunidad personal y de pareja.
Todo dependerá de còmo lo enfrenten?…..anestesiados o despiertos; con orgullo o con humildad; con una perspectiva de venganza o una perspectiva de aceptación del otro; con una comunicaciòn constructiva u obsesiva. Al final, todos sabemos que en la vida todo depende de la actitud con la que enfrentemos las dificultades.
Si una pareja coincide en la necesidad de enfrentarla desde el “compromiso” de estar en las buenas y en las malas; si tanto el infiel como la vìctima consideran que vale la pena una lucha interna y compartida; si “el otro y otra” no son convertidos en los protagonistas principales; y, si el respeto por la pareja sobrevive a pesar del conflicto, ES POSIBLE lograr superar el impasse y, no solo superarlo, sino convertirlo en un aprendizaje de unión y aceptación realista de la vida en pareja.
Todo dependerá de la actitud que tengan los dos frente al tema.
El o la infiel deberá saber que su responsabilidad no puede ser endosada al otro/a; que su equivocación no podrá ser justificada sino confrontada como un hecho del que se puede aprender; que la paciencia y la tolerancia seràn regalos infinitamente apreciados para su pareja.
Deberà saber que los detalles de su infidelidad no son los datos importantes sino lo que “ha aprendido de ellos”. Deberà saber que el otro/a pasarà por episodios de equilibrio y desequilibrio, de amenazas, de castigos y de disculpas, ofreciendo un panorama desalentador al principio.
Deberà saber que las fantasìas del otro/a se convertirán en pensamientos obsesivos que taladren las conversaciones con insistencia. Deberà saber que el otro/a necesita la seguridad de sentirse nuevamente amado/a; sostenido/a; comprendido/a; Deberà saber que el otro/a no podrá mantenerse consistente sino por pequeños lapsos de tiempo.
Deberà saber que para recuperar su confianza, DEBE TRABAJAR en sì mismo y concentrarse en hacérselo saber a su pareja y como regla de oro: que el camino no serà el análisis sino la ternura.
Y estos temas son apenas son pequeños ejemplos de lo que deberá saber, pues el aprendizaje dependerá de la dinámica que se dè entre los dos asi como de las individualidades de cada uno.
La vìctima deberá aprender a retener sus pensamientos obsesivos; deberá aprender a superar su necesidad de conocer detalles; deberà luchar contra su reflejo de hacer del “otro u otra” el personaje principal; deberà escuchar su propio desequilibrio y al mismo tiempo intentar recuperar su centro; deberà enfrentar la opción de entregarse a la ansiedad y a la inseguridad o a la esperanza; deberà luchar contra sus pensamientos destronando a la racionalidad y al espejismo de que “comprendiendo lo controlarè”.
Deberà olvidar sus tendencias posesivas y recuperar el sentido realista de que nadie es posesión de nadie; deberà aceptar que las promesas y las fantasìas sociales sobre el amor son solo productos comercializados con facha de verdad; deberà entender que la justicia es un concepto humano y que solo en la perspectiva del tiempo tiene su razón.
Deberà superar el mayor de los retos humanos: vencer el miedo, el miedo que engendra todo deseo y toda angustia. Miedo a perder, miedo a no ser querido/a; miedo a dejar de ser lo que los demás creen o quieren creer de el/ella; miedo a perder el prestigio que da un matrimonio perfecto; miedo a enfrentar los cambios propios de la vida.
Todo dependerá entonces de la destreza humana de la pareja y digo humana, porque dependerá sin duda, de toda su persona, es decir de todo aquello que la persona humana posee en sì misma, en un marco de realismo, honestidad y autèntico deseo de enfrentar el conflicto de modo congruente.
La infidelidad como he repetido varias veces en varios foros, puede ser una enfermedad terminal, progresiva y de altísimo costo personal y familiar, pero también puede ser el despertar de los individuos que componen la pareja y la renovación del amor bajo conceptos màs comprometidos, reales y de mayor perspectiva en el tiempo porque iniciaran desde la aceptación y no de la expectativa que tenemos del “otro”.
Recordemos que la vida es un cambio constante y que la persona humana es una realidad en construcción permanente.
Las crisis personales no necesariamente coinciden en pareja, pero la infidelidad es una crisis que sin escape hará que coincidan en varios temas importantes a trabajar: la confianza, la comunicaciòn, la sexualidad, la intimidad emocional, las creencias y las visiones de futuro.
En terapia de pareja se tratarà de enfrentar este tema desde una perspectiva emocional y realista. Se tratarà de estimular a que los miembros de la pareja esten despiertos a sì mismos y, desde allí, puedan entender que el amor requiere de trabajo constante y que el matrimonio es un reto que vale la pena ser asumido.
La comunicaciòn sana, la congruencia, el compromiso, la aceptación del otro como ES y la conciencia clara de que frente a un hecho pasado NADA SE PUEDE HACER sino aprender de ello garantizan que la terapia o el trabajo de una pareja tenga éxito.
Eliana Cevallos
PSICOTERAPEUTA GESTALT



