LA EVALUACIÒN CLINICA
El proceso de evaluación clínica en psicopatología tiene como objetivo el de recopilar datos suficientes para garantizar una correcta y eficiente intervención terapéutica; por tanto, depende de que la persona sea percibida en su totalidad, incluyendo lo que hace, cómo lo hace, las condiciones en que actúa y las características de su comportamiento.
Este es el propósito de la evaluación conductual. Lograr evaluar al sujeto en plena actividad, de modo que se pueda describir su conducta, sus circunstancias y, de este modo, comprender sus pensamientos y emociones.
Esta evaluación va más alla de la declaración verbal o referencia sobre el comportamiento de una persona o de la aplicación de test, al incluir directamente al profesional en la observación del comportamiento del sujeto en su ambiente natural o en uno preparado artificialmente pero que recree su contexto ambiental.
En algunos casos, ésta observación es necesaria para descubrir deficiencias o psicopatologías en sujetos que no pueden comunicarse o que, por sus condiciones particulares, no podrían dar la información adecuada.
La evaluación conductual se dirige a conductas objetivo concretas, por lo que debe responder a una planificación hecha para cada sujeto en la que no solo se registra las conductas observables sino también los aspectos cognitivos y los hechos antecedentes y consecuentes de las conductas objetivo.
Se requiere la utilización de datos objetivos, fiables y válidos presentados en forma cuantitativa y recogidos de la situación natural en la que se encuentra el sujeto o la que se ha recreado para tal efecto. De modo que es un método válido por su condicion de objetivo y mensurable.
Uno de los aspectos positivos de esta evaluación es que refuerza el contenido de lo que el psicodiagnóstico describe, clasifica o explica sobre la conducta. Ofreciendo a este modelo, un elemento objetivo de comportamiento asi como de las diferentes variables y el contexto ambiental de un comportamiento dado. Esto, garantiza de alguna manera un tratamiento eficaz, pues en este caso la evaluación y el tratamiento son situaciones absolutamente relacionadas.
Además esta evaluación incluye factores como los rasgos dinámicos de la personalidad que son detectados mejor en pleno funcionamiento de la persona, asi como los antecedentes físicos y sociales de su conducta y la relación entre la persona y las situaciones, la persona y otras personas, etc. en sus manifestaciones motoras, fisiológicas y cognitivas.
Las evaluaciones psicométricas, por entrevista clínica y psicológica analizan los rasgos, factores, necesidades, conflictos y estructuras cognitivas de un sujeto, pero no contemplan la acción del mismo y los elementos que provocan, sostienen o nutren dicho comportamiento. En este contexto, la evaluación conductual añade un análisis funcional de la conducta ampliando la comprensión del individuo como sistema en función de su interacción con las variables ambientales.
En la evaluación conductual se registran con especificidad las situaciones de respuesta del sujeto gracias a observaciones diseñadas para la comprensión de la “conducta objetivo” y con base a claras definiciones de categorías conductuales mensurables que el observador debe respetar, lo cual ofrece un mayor grado de entendimiento del comportamiento en el aquí y en el ahora del sujeto observado.
Desde el enfoque de la evaluación conductual, también se puede preparar programas y evaluarlos en cuanto a su eficacia, por ejemplo, antes y después del tratamiento programado para cada caso único, asi como valorar las técnicas de intervención e identificar con claridad las variables de impacto y las que no lo tienen.
Aunque se ha señalado muchas ventajas de este tipo de evaluación también hay que anotar que su aplicabilidad resulta compleja para muchos casos, no solo por la imposibilidad del clínico de acercarse al espacio del evaluado por cuestiones de tiempo, formalidad, etc, sino porque la observación por más técnica y mensurable que sea tiene ciertos límites como la reactividad, es decir la inclusión de la presencia del observador que puede hacer variar el comportamiento del sujeto observado.
Además la observación puede llegar a hacer demasiado énfasis en el comportamiento objetivo o problema y, en esta meta, perder datos que podrían ser necesarios para una mejor comprensión. Adicionalmente toda observación aún cuando recoja datos operacionales y con escalas siempre puede incluir la subjetividad del observador y la especificidad del aquí y ahora del comportamiento, particularmente cuando es una autoobservación con registro.
De todos modos, la evaluación conductual es una evaluación funcional de las personas y al estar relacionada con el tratamiento, resulta eficaz por la facilidad de observar variables e intervenir en ellas ofreciendo una visión operativa del comportamiento. Muchas veces esta será la única manera de que el diagnóstico y la intervención terapéutica sean acertadas.



